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domingo, enero 24, 2016

Krishnamurti y el Zen



Las Memorias de Mary Zimbalist pusieron en palabras un mundo donde he vivido siempre, el mundo de las energías. Lo peor que puede pasarnos es no sentirlas. ¿Que sería de la enseñanza de K si sacamos la parte energética, atemporal? ¿En qué se diferenciaría de un psicólogo, de un filósofo más del montón?
Lo que saca a K de la categoría de filosofastro de feria son los estados a los que se refiere, las menciones de algo sagrado, misterioso cuya acción se reflejó en toda su vida durante toda su vida, y que es la fuente de su enseñanza - si puede decirse algo así.
Esto es algo bien concreto, no una metáfora.
Existe, actúa, pero el grueso de los lectores de K se ha apartado de ello, lo dejan como "algo personal, de cada uno", o como algo "colateral a la enseñanza" porque es "algo que puede suceder, o no", para ellos se trata de "algo misterioso" que esperan resolver algún día y mientras tanto, es mejor evitar porque el campo de las energías "es un campo peligroso donde podemos caer en ilusiones de todo tipo".

No creo que pueda existir una malinterpretación más grosera de las enseñanzas que reducir a K a un montón de artimañas verbales que destruyen por vía lógica ilusiones como el ego, el nacionalismo, los gurúes y pequeñeces así. Y estas cosas son pequeñeces porque la vivencia de un solo estado, de una sola visita intensa de lo sagrado las disipa en un segundo, sin necesidad alguna de reflexión, de diálogo, de nada al respecto. En un segundo hay ilusión... y en el siguiente todas las ilusiones se han disipado, evaporado, diluido en medio de una clara visión plena de felicidad y pureza. No lo hace para siempre, claro está, sólo mientras dura el estado o la visita, pero deja una huella no sólo en la persona sino en la mente humana total.

Las personas que no pueden acceder a estos estados por X razones al menos deberían tener la humildad de reconocer que algo les pasa a ellos, pero no deberían deformar las enseñanzas de K, acomodar sus palabras a su conveniencia, elegir sólo aquella partecita relacionada con lo psicológico y centrarse durante 10, 20, 30 años en eso, en diálogos grupales interminables, en lecturas de libros kilométricas, dando vueltas y vueltas a cada frase de K como un conejillo en la rueda, siempre en el mismo lugar.

Señores, la difusión de las enseñanzas de K no consiste en la difusión de sus palabras sino en la vivencia de lo sagrado.

Esta cuestión no es nueva; así como pasaría luego en el Zen, hay constancia de que entre los discípulos del Buddha ya había una división entre aquellos que se volvían eruditos de la enseñanza (jnana) y quienes pasaban por vivencias meditativas (dhyana). Los estados extraordinarios surgidos de la meditación no son, pues, privativos de la enseñanza de K sino que han aparecido aquí y allá durante la historia humana - y también estuvo en la Tierra sin humanos... y antes de la Tierra también.

La enseñanza como tal jamás fue expresada por otra persona más que por K aunque hayan habido enseñanzas parecidas como las del Buddha y las de Nagarjuna, pero eso otro es algo sin tiempo.

La división entre los seguidores del Buddha duraría los 2600 años que nos separan de las huellas de ese ser maravilloso y ahora se ha trasladado a los lectores de K, pero en el medio hubo un maestro zen que dijo algo muy gracioso respecto a los "aferrados a las palabras" que creo que tiene plena vigencia hoy día; dijo que ellos eran "los moradores de la oscura cueva del esqueleto"

Los discípulos zen sabían que existía un estado extraordinario, el satori. Y todos los monjes comprendían claramente que el zen se trataba de esa vivencia, no de aprender pilas de sermones. A ningún monje se le ocurría tomar el manto del maestro (sucederlo) si no había obtenido el satori. A tal fin, recurrían a mil caminos como el koan, sentarse en silencio por largos períodos, diálogos, retiros, etc.
Podían pasar toda la vida en esa búsqueda y lograr el satori siempre fue más bien un evento excepcional.

¿Cuál debería ser la actitud de un lector crónico de K que nunca ha entrado en el "palacio de perlas y piedras preciosas que se esconde detrás de una brizna de hierba"?
Creo que debería mantener la claridad de que su comprensión de las enseñanzas de K es muy limitada. Que mientras no tenga una profunda vivencia de lo sagrado hay puertas importantes que no se le han abierto. Y sobre todo, jamás ubicarse en el papel de "difusor de las enseñanzas", de ninguna manera.
Eso es humildad que eventualmente puede llegar a abrir esas puertas.

Creo, también, que debería prestar atención al por qué tales vivencias no han sucedido. ¿Es porque el cuerpo está insensible? ¿Porque tenemos la cabeza demasiado llena de las palabras de K? ¿Porque nos preocupamos demasiado del tema? (obsesionarse con K o asuntos relacionados con él es un problema mayor)
El cuerpo es sumamente importante. K dió directivas precisas al respecto (no fumar, no tomar alcohol, no comer carne, florecimiento de los sentidos, equilibrio entre lo masculino y femenino, yoga, etc)
Incluso habló de los 50 años como fecha límite luego de la cual, si ciertas cosas no habían ocurrido, ya no podían suceder. Y por lo que he visto, ésta es una ley inflexible.

Así entonces, si hemos estado leyendo a K durante años y todo lo que nos queda de ello es una gran habilidad para ganar todas las discusiones en los foros y entre los amigos (porque con K bajo el brazo tenemos todos los mejores argumentos)... pues comencemos a preocuparnos.

Porque falta algo.
Y se trata de algo muy, muy importante... esencial.